La inteligencia artificial avanza a un ritmo que asombra a unos e inquieta a otros, pero su rápido crecimiento no muestra signos de desaceleración. Lo que comenzó como un simple experimento con comandos básicos, consultas y reinterpretaciones lúdicas de obras de arte clásicas se ha convertido en una tecnología que podría llegar a ser una industria de un billón de dólares en un futuro próximo.
El auge de grandes modelos lingüísticos como ChatGPT de OpenAI ha allanado el camino a avances revolucionarios. Con sólo unas pocas indicaciones, las herramientas de IA como ChatGPT pueden generar contenidos extensos para investigación, artículos, código e incluso multimedia, incluidas imágenes y vídeos.
Sin embargo, aún más preocupante es la capacidad de la IA para imitar el comportamiento humano de forma tan convincente que puede ser indistinguible de la realidad. Los deepfakes, antes considerados una mera novedad, plantean ahora graves amenazas a la seguridad nacional. Un ejemplo llamativo se produjo cuando apareció un vídeo deepfake del presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy, en el que aparecía falsamente instando a sus tropas a rendirse a Rusia en los primeros días de la guerra. Aunque se ha estado debatiendo la prohibición de los deepfakes, aún no se han aplicado medidas concretas.
Historia creada por inteligencia artificial

Tan preocupante como los deepfakes es la influencia de la IA en la preservación de los hechos históricos. Aunque muchos suponen que la inteligencia artificial es imparcial, inevitablemente hereda los prejuicios y distorsiones de sus creadores. Un ejemplo sorprendente es DeepSeek, una herramienta de IA desarrollada en China que se niega a reconocer la masacre de la plaza de Tiananmen de 1989, borrándola de hecho de la historia. De hecho, los usuarios pueden ser testigos de esta censura en tiempo real, ya que el chatbot evita cualquier mención al suceso.
Aunque los gobiernos llevan siglos alterando la historia -ya fuera quemando libros durante el nazismo o modificando textos con la imprenta de Gutenberg-, la inteligencia artificial introduce una nueva dimensión en esta práctica. Hace posible el borrado digital con una permanencia sin precedentes y permite que la desinformación se propague rápidamente por Internet. Además, la IA se utiliza ampliamente para la investigación, a menudo se confía en ella como fuente fiable de información y es cada vez más común en entornos educativos.
A pesar de estas preocupaciones éticas, gigantes tecnológicos como Microsoft y Amazon Web Services siguen avanzando, integrando herramientas de IA como DeepSeek en sus servicios en la nube. Esto significa que casi todo el mundo con acceso a Internet -esencialmente la mayoría de la población mundial- interactuará con una IA que solo dice la verdad si ha sido programada para ello. ¿Cómo podemos confiar en una herramienta sesgada para salvaguardar registros históricos e información objetiva?
Soluciones basadas en cadenas de bloques
A medida que los humanos y la IA continúan coexistiendo, es crucial establecer una forma fiable de preservar la información, las imágenes y, lo que es más importante, los hechos históricos. Necesitamos una solución que garantice que los datos permanezcan intocables, protegidos frente al borrado, la manipulación o la distorsión. Actualmente, la cadena de bloques es la única tecnología capaz de garantizar este nivel de seguridad y permanencia.
Una cadena de bloques funciona como un libro de contabilidad inmutable en el que la información nunca puede borrarse ni alterarse. Una vez registrada, cualquier transacción o dato permanece almacenado permanentemente, lo que la convierte en una herramienta ideal para preservar la historia en una era en la que los registros suelen estar moldeados por las agendas de políticos y figuras poderosas. Esta puede ser una de las aplicaciones más nobles de blockchain: no como medio para eludir la censura, sino para salvaguardar la verdad.
Varias iniciativas ya están desarrollando soluciones basadas en blockchain específicamente para la preservación histórica. Uno de estos proyectos es Story, una cadena de bloques diseñada para transformar la propiedad intelectual -ya sean escritos, música, pinturas o incluso ideas- en activos tokenizados que pueden almacenarse y negociarse de forma segura en la cadena.
Una nube permanente

Arweave, por su parte, es una cadena de bloques diseñada para almacenar datos de forma permanente en una nube descentralizada, garantizada durante al menos 200 años. Este enfoque difiere de los servicios tradicionales en la nube, como Google Cloud o Amazon Web Services, que sirven de columna vertebral de Internet pero presentan vulnerabilidades.
Por ejemplo, si almacenas fotos o documentos de Word en Google Drive, residen en la nube, pero este almacenamiento es susceptible de sufrir filtraciones, problemas de sincronización o incluso eliminaciones accidentales (o intencionadas). Además, los datos almacenados en la nube pueden ser censurados o borrados por gobiernos u otras autoridades, lo que plantea serias dudas sobre la fiabilidad de utilizar servicios centralizados en la nube para preservar registros históricos e información esencial.
Las soluciones permanentes y descentralizadas en la nube resuelven por completo estos problemas. Una vez cargados los datos, permanecen allí para siempre, intactos, inalterados e inmunes al borrado. Cada dato lleva un sello de tiempo seguro y está vinculado a la persona que lo subió originalmente, lo que garantiza su total transparencia y autenticidad. Esto la convierte en una solución ideal para preservar registros críticos, como archivos históricos.
Además, las falsificaciones son mucho más fáciles de descubrir en una nube basada en blockchain. El origen de cualquier vídeo o imagen falsos sería rastreable al instante, lo que haría imposible hacer pasar el engaño por realidad. Al mismo tiempo, los anuncios legítimos podrían verificarse con certeza, eliminando dudas sobre la autenticidad de mensajes críticos, como las órdenes de un presidente en tiempos de guerra.
En última instancia, este método de almacenamiento de datos a prueba de manipulaciones garantiza la procedencia de la información, desempeñando un papel crucial en la resolución de las disputas «él dijo, ella dijo» que a menudo obstaculizan la verificación de los hechos históricos. En una época en la que estos hechos están cada vez más en peligro debido a la tecnología capaz de generar deepfakes hiperrealistas de políticos y personajes públicos, es más urgente que nunca adoptar la única solución que puede salvaguardar realmente la historia.